En algún lugar, lejos de las tierras del exilio, un erudito escribe frenéticamente. Su amo le ha encomendado la tarea de escribir cientos de descripciones de objetos mundanos, desde espadas y armaduras, a fibras de plantas y piedras. Echa una ojeada al siguiente artículo de su lista. Una escalera.
Se detiene, baja su pluma y observa su reflejo en un espejo cercano. Es un hombre que ha envejecido antes de su hora, un esclavo en todo salvo en el nombre para sus amos.
"¿Qué estoy haciendo?", se pregunta. Su vida es una serie de decisiones que casi ni se dio cuenta de tomar. Mientras sus pensamientos se pierden en el pasado y busca el origen de esa inevitable trayectoria, se da cuenta de que no hubo un momento concreto, ninguna decisión puntual que lo llevara hasta este punto. Fue una serie de decisiones durante toda su vida, acumulándose a su alrededor como arena en el desierto, lo que lo llevó a una vida de silenciosa desesperación, ahogándose lentamente mientras las arenas movedizas inundan su garganta.
Al comprender esto, siente una enorme tristeza, un gran pesar en su alma por todo lo que podría haber sido. Una solitaria lágrima cristalina brota de su ojo y se desliza hasta el pergamino en el que está trabajando, enturbiando la tinta.
Decidido a hacer algo más con su vida, el hombre se pone en pie, aparta a un lado su pergamino y avanza hacia la puerta.
De repente esta se abre de par en par y, antes de que el sorprendido escriba pueda tomar aliento, es apuñalado por un ladrón de ojos salvajes que se ha colado en la mansión en busca de objetos valiosos.
El ladrón limpia su cuchillo en la ropa del erudito muerto y observa la habitación. Su mirada repara en el pergamino de la mesa, que contiene una lista de objetos y descripciones escritas en la pulcra letra del erudito muerto. Sonríe y agarra la pluma.
Más tarde, cuando los guardias encuentran el cadáver del erudito yaciendo boca abajo en un charco de sangre y tinta, observan curiosos el extraño mensaje garabateado en el pergamino junto a la palabra "escalera". Dice así: "Algo que usas para trepar, idiota".
Los guardias se encogen de hombros. De todas maneras, nadie se lee los textos.